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De Visita a La Carrandana

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De Visita a La Carrandana

Es buena hora y hace un día magnífico para disfrutar de la viña, hoy da ese solecito que hace que le crezca a algunos el pelo. Con un “Vámonos que nos Vamos” cogemos rumbo por la carretera de Trebujena hasta alcanzar la altura media del ‘Majuelo’. Justo allí, a mano derecha, en una pequeña loma se alza la Finca la Carrandana.

Ante las vistas, no hay que ser muy sensible para observar la grandeza del paisaje. Lo llego a saber y me traigo a un toscano para que lo certifique y poder escuchar “Molto Bello, Molto Bello” y preguntarle por el Mosto. ¿Cómo está granuja? “Molto Bello, Molto Morbido”. ¡Ole tú Donatello!

Pues eso, en esta tierra de Lustrillo, nos encontramos a Francisca Ruíz que nos sirve una buena jarrita de mosto, sentado Manuel Luís Herrera Sánchez, uno de esos hombres que te nombran su nombre y sus dos apellidos completos. En nuestro acervo un hombre que “no tiene na que esconder”. Y por derecho, nos sirve Manuel unas aceitunas ‘aliñás’ y los dos vasitos que faltaban junto a la jarra. En el horizonte, mientras tomo un sorbito de mosto, se divisa la antigua Hasta Regia, -Si Manuel Estévez levantara la cabeza- que aparte de tener unas ruinas fenicias y romanas debajo de tierra – ‘ahí es ná’- tiene también para mi gusto otro buen mosto para hartarse.

La propiedad, nos cuenta Francisca, pertenecía a un cura de su familia, donde se iba de retiro espiritual, conservándose todavía un altorrelieve del emblema del Calvario justo en el dintel de la puerta principal.

Las botas, ante nuestra curiosidad –menos mal que no soy un gato-, Manuel Herrera nos explica “Tapo las bocas de bojo con un trapo”. Pues sí, un paño pero todo tiene su porqué. Manuel nos explica todo el procedimiento de elaboración de su mosto, una transformación del caldo de la uva de forma artesanal y “como antiguamente se hacía”. De hecho, las botas las siguen lavando con “las caenas” o cadenas para arrastras del fondo las impurezas y sobre todo desprender el bitartrato.

La fermentación se realiza en esas mismas botas y llega inclusive a un proceso de tres fermentaciones hasta que el microclima de la finca y el frío de invierno hagan que precipite como es debido. ¿Cuántas botas te quedan por gastar Manuel? “Tres na má”. Buenas noticias entonces, tenemos mosto hasta mediado de Marzo. “Más o menos” nos contesta.

La Carrandana, es un buen ‘buhio’ un lugar de antaño, de esos ‘Mostos’ que permanecen ocultos y funcionan por el boca a boca. Aquí el Mosto se marida con aceitunas y chacinas de la sierra, y se alterna con el Paisaje de los diferentes Pagos y Viñas. Todo un lujo de poder disfrutar y contar de algo tan nuestro.