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El Coronavirus: «Puntilla» u oportunidad

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Bodegas Lustau, Jerez
Bodegas Lustau. Fotografía realizada por Paco Barroso.

El Marco de Jerez comienza a hablar de su futuro tras el desplome de las ventas causado por la pandemia, un debate marcado por distintas voces -tanto entre viticultores como bodegas- que apuestan por cambios estructurales en el sector

El vino de Jerez lleva años yendo de problema en problema, hasta que se ha cruzado en su camino un gran problema con el que nadie contaba: el coronavirus. La caída de ventas de los últimos meses más las previsiones de la próxima campaña hacen que se esté hablando, según una u otra fuente, de un volumen de excedentes de entre 20.000 y 30.000 botas que se valoran, abiertamente, como un auténtico lastre para el futuro del Marco.

Cooperativas, Asevi-Asaja y bodegas agrupadas en Fedejerez han comenzado a hablar de este tema e incluso han iniciado contactos con la Consejería de Agricultura para informar a la Administración autonómica de la situación y conocer su posible implicación en futuros acuerdos, ya que las ayudas aprobadas hasta ahora por el Gobierno central –destilación de crisis pero no para alcohol de uso de boca; ayudas al almacenamiento que no incluyen vinos con crianza, y ayudas a la vendimia en verde- no llegan al vino de Jerez, además de ser muy escasas por lo que se refiere a su dotación económica.

El problema al que se enfrenta el sector parte incluso del propio análisis interno. Todos los agentes coinciden en que algo hay que hacer, pero lo que para unos es un nuevo problema coyuntural, para otros, sobre todo viticultores pero también para algunas bodegas, se trata de una situación tan grave que creen que las distintas medidas que se adopten deben ser de carácter estructural. Desde este último ámbito se estima que la crisis generada por el parón de la economía a causa del coronavirus debe tratarse como una oportunidad para abordar la situación del sector de manera integral e introducir medidas de las que, en muchos casos, se lleva años hablando sin alcanzar acuerdos, así como otras de nuevo cuño, sobre todo en relación a la materia prima. Entre los, digamos, ‘coyunturalistas’ se estima que será finalmente el mercado el que regule y que las medidas que se adopten deben ser de carácter ‘cortoplacista’, es decir, encaminadas más o menos a ‘digerir’ estos excedentes, mientras que los ‘estructuralistas’, por seguir con dichos términos, creen que el Marco de Jerez, tal y como lo conocemos, está agotado y que la crisis de ventas causada por la pandemia puede ser la puntilla del sector.

Vamos a profundizar en las propuestas que se realizan desde este ámbito, que en primer lugar –y no por orden de importancia- aspira a solucionar lo que podríamos denominar ‘la agenda’, temas que en algunos casos llevan encasquillados años –los ‘Nuevos Jereces’, la apertura de la zona de crianza a toda la zona de producción o el difícil futuro del vino a granel tras la crisis sanitaria- y, sobre todo, la puesta de nuevo sobre la mesa de la necesidad del máximo aprovechamiento de la uva del Marco para evitar los recurrentes arranques con los que se han ido parcheando las distintas crisis por las que ha pasado el sector en los últimos cuarenta años, que se dice pronto.

Dicha propuesta habla de establecer diferentes precios para diferentes calidades de la uva que se entrega, atendiendo a distintos criterios como el grado o el pago de procedencia (gama alta, podríamos decir) o si su destino final va a ser para la destilación o la elaboración de mostos concentrados –los denominados productos secundarios-, en la parte más baja. El fin es evidente y lleva años hablándose del mismo en el sector: se trataría de que todo el líquido que va en una botella de vino de Jerez sea de procedencia 100% Jerez y poner fin así a la ‘importación’ de estos productos elaborados a partir de materia prima de otras zonas vitivinícolas. Es cierto que esta práctica está amparada por la D.O. pero nos indica que algo no se está haciendo bien, al menos no del todo. No tiene sentido que, por un lado, el sector tenga excedentes y que una y otra vez se haya recurrido, como hemos señalado más arriba, al arranque de viñedo para cuadrar los grandes números, con lo que esto supone de pérdida de patrimonio, de riqueza y de empleo, mientras que por otra se recurre a productos que vienen de fuera… que es posible, como se señaló hace ya unos años desde el Consejo Regulador, que por su propia naturaleza, sean neutrales y no aporte nada que sean de Jerez o de otro sitio, pero precisamente por eso, lo que seguro que no aporta nada es que sean de fuera teniendo aquí materia prima para hacerlos, incluso también atendiendo a una cuestión de prestigio en unos momentos en lo que el consumidor mira con lupa la trazabilidad y el origen de los productos que adquiere.

Los viticultores independientes, las cooperativas –por cierto, un ‘subsector’ permanentemente lastrado por personalismos y localismos, incapaz desde hace años de tener una voz propia y unida- e incluso bodegas propietarias de viñedo, como puede ser José Estévez, están alineadas con estas tesis. Por el contrario, es evidente que las bodegas que tienen destilerías en La Mancha, caso de González Byass, Fundador y Osborne tienen sus propios intereses, aunque hay que decir que tampoco el sobrecoste del traslado de vino del Marco para su destilación y su vuelta como alcohol vínico sería algo desmesurado… Ya hace años que se puso sobre la mesa la posibilidad de que se ubicara una destilería en la comarca de Jerez e incluso se hablo de la posibilidad de que tuviera acceso a ayudas de la Iniciativa Territorial Integrada (ITI) y fuera una iniciativa gestionada por las cooperativas, pero aquel tema, que hubiera sido interesante, tampoco cuajó.

También se trata de incorporar nuevos actores que han ido surgiendo en el Marco en los últimos años, como los ‘sherry cask’. En la actualidad, hay del orden de 130.000 botas en envinado para obtener ese ‘marchamo final’ de prestigio y calidad para marcas que habitualmente son de whisky o ron, un volumen lo suficientemente importante, se estima desde este ámbito, como para colaborar de manera más activa en mantener el nombre ‘sherry’, del cual al fin y a la postre se benefician…

En realidad, cuando se habla de estos temas, en Jerez se echa de menos la existencia de una organización interprofesional, un foro que contribuiría a agilizar todas estas negociaciones, como ocurre en otras D.O. vitivinícolas, ya que el pleno del Consejo Regulador no es el más adecuado para la toma de determinadas decisiones, por mucho que se debata sobre ellas. Cabe recordar que este asunto se planteó en la década de los 90 y había firmes partidarios de su instauración –el Grupo Medina, hoy Williams & Humbert, entre otros- pero al final, como sucede tan a menudo en el Marco, el tema no salió adelante.

Bien… el reloj para alcanzar acuerdos se ha puesto en marcha. Hay quien piensa abiertamente que comenzar la próxima vendimia -que incluso al final, tras las lluvias primaverales, podría tener más volumen que la del año pasado- con el problema de los excedentes sin encauzar, puede convertir la campaña que comienza a 1 de septiembre en un disparate. Tampoco ayuda, por cierto, que las elecciones a la renovación de cargos del propio Consejo Regulador coincida en el tiempo con las negociaciones que se han puesto en marcha, ya que el cambio de representatividades que puede haber como consecuencia en la modificación de censos o los propios nombres que aspiren a las vocalías, sobre todo en el sector productor, puede hacer que se añadan nuevas incógnitas a un tablero ya de por sí tremendamente complicado…