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La Gitana de Bodegas Hidalgo, Joaquín Turina y Areal

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La Gitana, Joaquín Turina y Areal.
Joaquín Turina y Areal. Principios del siglo XX, Óleo sobre lienzo tensado en bastidor de pandereta, 25 cm. de diámetro aprox. Sanlúcar de Barrameda, España. Colección privada Bodegas Hidalgo La Gitana.

Las Bodegas Hidalgo La Gitana de Sanlúcar de Barrameda son fundadas en 1792 por José Pantaleón Hidalgo – oriundo del Valle de Castañeda en Santander – quien decidido a invertir en la producción de vino, compra a su suegro Roque Vejarano, una pequeña bodega de almacenado que tiene en propiedad en el Barrio Bajo de la localidad.

Como casa bodeguera familiar alcanza su máximo esplendor a mediados del siglo XIX, bajo las riendas de su hijo Eduardo Hidalgo, de espíritu emprendedor y con una visión comercial de amplias miras, convirtiendo la compañía en una de las productoras de Manzanilla más importantes.

En la actualidad, sigue siendo una empresa vinatera de carácter familiar, dirigida por la octava generación en línea directa del fundador. Durante la visita a sus instalaciones, accedes a las antiguas oficinas de la bodega, que se encuentran junto al patio de grandes pajareras decoradas con azulejos de colores.

Una vez dentro de la habitación, en la pared que dejamos a mano derecha, se encuentra el retrato de una Gitana que, a pesar de sus pequeñas dimensiones, es capaz de inundar la sala de un ambiente andaluz, alegre y romántico a la vez…

La Gitana de la Manzanilla

Copa de Manzanilla La Gitana de Bodegas Hidalgo La Gitana.
Copa de Manzanilla La Gitana de Bodegas Hidalgo La Gitana.

Pintada sobre el parche de una antigua pandereta, vemos el retrato de una mujer de tez morena, que dirige su mirada hacia un punto indefinido del horizonte. Se encuentra ataviada con un mantón de manila, con flores marfil bordadas sobre tela carmesí, a juego con las pequeñas flores que adornan su cabello. El marco de madera en el que se encuentra, decorado con rocalla dorada sobre verde mar oscuro, resalta el volumen de la pieza.

Nos encontramos ante la obra original de Joaquín Turina y Areal, propiedad de Hidalgo La Gitana, donde el maestro sevillano retrata en pintura al óleo, una gitana sin nombre. A pesar de no contar con la fecha de ejecución documentada, sabemos que fue realizada a principios del siglo XX y que desde 1920, es imagen de la popularísima marca de Manzanilla de esta casa bodeguera, una de las más laureada del Marco de Jerez, ya que cuenta con numerosos premios nacionales e internacionales.

El uso de pintura para decorar panderos y panderetas fue una costumbre muy extendida en la España del XIX. Su función fundamentalmente servía para decorar y embellecer el instrumento, gracias a la superficie tensada de la piel sobre el bastidor, ideal para que el artista estampase en ella elementos decorativos al gusto del propietario.

Joaquín Turina, a pesar de vivir en Sevilla, pasaba la época estival en el barrio sanluqueño de La Jara. De ahí que realice numerosos encargos a particulares de la zona. Es Eduardo Hidalgo quien le encarga el retrato de una gitana para ilustrar la etiqueta de su Manzanilla.

Según la leyenda, el nombre de «Manzanilla La Gitana» se remonta a finales del XIX en Sanlúcar de Barrameda, donde un tabanco en el que se expide el vino de Hidalgo es regentado por una gitana malagueña. Este vino, poco a poco sería conocido por «el vino de la gitana», de ahí que, cuando la bodega comienza a comercializar el vino embotellado, tomara este nombre tan popular y conocido en la localidad.

Como curiosidad, la bodega conserva otra versión del retrato original realizada por el mismo artista – al menos quince años después – en un soporte rectangular y con algunas variantes de color para actualizar la etiqueta.

Joaquín Turina y Areal y el ocaso del Romanticismo Sevillano

Joaquín Turina y Areal (Sevilla, 1847-ibídem, 1903) es uno de los últimos pintores que podemos enmarcar dentro de una producción costumbrista y romántica, que tanta fama y difusión tuvo en la Sevilla del siglo XIX.

De ascendencia italiana, se casó el 9 de diciembre de 1882 con la cantillana Concepción Pérez, con quien tendría a su hijo Joaquín Turina Pérez (1882–1949), célebre compositor y músico español, destacado representante del impresionismo musical en la primera mitad del siglo XX, junto a otros autores entre los que podemos destacar Isaac Albéniz o Manuel de Falla.

Tal y como apunta Carlos G. Navarro, la escasa repercusión que tuvo su obra – desarrollada fundamentalmente con fines comerciales – hace que no se haya estudiado de forma precisa su biografía y se desconozca gran parte de su producción que, a su vez, es difícil de encontrar en museos o instituciones públicas.

Fue alumno en las Escuela de Bellas Artes de Sevilla, donde se forma con los artistas Manuel Ussel de Guimbarda (1833–1907) y Manuel Cabral Aguado Bejarano (1827–1891), centrándose durante este periodo en temáticas relacionadas con la naturaleza muerta y la ambientación corte sevillano devocional.

En su etapa de madurez, desarrolla fundamentalmente pintura de Género Romántico, con escenas que reflejan las costumbres típicas de Andalucía. Con un estilo clásico y colorista gran parte de su obra es fiel reflejo del casticismo andaluz, al que pertenece el retrato de nuestra Gitana de Hidalgo.

A pesar de centrarse en este tipo de representaciones, Joaquín Turina también cultiva otros géneros en su pintura como, por ejemplo, el historicismo. Entre ellas, caben reseñar «Un episodio de la sublevación cantonal» (1873) o «Juan Martínez Montañés presenciando la salida de Jesús de la Pasión» (hacia 1890), propiedad, esta última, de la Hermandad de Pasión. En obras como las que acabamos de nombrar, a pesar de representar escenas con cierto carácter histórico, el pintor no es capaz de desanclarse de una representación de carácter anecdótica y superficial del pasado sevillano.

Martínez Montañés viendo la procesión de Jesús de la Pasión de Sevilla (hacia 1890).
Martínez Montañés viendo la procesión de Jesús de la Pasión de Sevilla (hacia 1890).

También realiza una serie de acuarelas, donde demuestra su dominio de la técnica y otras escenas de temática orientalista, inspiradas en la obra de Mariano Fortuny y su pasión por el mundo musulmán, que desarrolla el famoso pintor partir de sus viajes a Marruecos. En este sentido Joaquín, al igual que muchos artistas coetáneos, contribuyeron a la creación de unos modelos repetidos incesablemente hasta el ocaso de la pintura de género romántico.

En cuanto a los logros y reconocimientos obtenidos, Joaquín Turina participa en las importantes Exposiciones Nacionales de Bellas Artes de Sevilla y Cádiz, siendo en esta última galardonado con la Medalla de Oro en 1879. Otra importante muestra en la que participa es la Exposición de Chicago de 1893 con «Desembarco de Colón en Palos a su regreso de América».

Bota de Manzanilla La Gitana en Sanlúcar de Barrameda.
Bota de Manzanilla La Gitana en Sanlúcar de Barrameda.

Quizás, el pintor romántico nunca soñó con que el discreto retrato de una mujer anónima para una Bodega, haría que pasase a ser un autor conocido por todas las personas especializadas del sector, tanto artístico, como bodeguero. Que su pintura sería emblema de una Manzanilla muy consumida y reconocida, traspasando las fronteras de Andalucía y España, hacia tierras extranjeras, dando la vuelta al mundo.