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De Cuando los Caballos Jerezanos bebían Jerez

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De Cuando los Caballos Jerezanos bebían Jerez

Hay dos símbolos muy característicos y consolidados en Jerez, dos emblemas que van ligado a nuestra idiosincrasia, uno es el Caballo y el otro el vino, nuestro jerez.

A día de hoy una es la fiesta jerezana por antonomasia que une estos dos símbolos completamente, sin duda es la Feria de Mayo, aunque quitando un poco de chovinismo o chauvinismo (como prefiráis) otros la llaman la Feria del Caballo.

Todos los símbolos vienen por algo, y recabando un poco en la Historia, en este caso la ‘Leyenda’ que no es historia científica, pero si refleja parte de ella. Me impactó lo siguiente que os escribo.

Caballo de Francisco Toro

Retrocedemos ni más ni menos que a la Edad Medieval, concretamente entre mediado y finales del S.XV, aunque otros autores como José De Las Cuevas nos dan la fecha exacta de 1454. Las guerras de frontera son un hecho macabro en el día a día de las personas que les tocó vivir este funesto tiempo. Nos situamos, una hueste musulmana avanza desde Utrera a Jerez, sus razias y saqueos son terribles, quemas de trigales maduros, destruyen aljibes y tinajas con aceite, matan los animales y se llevan a las mujeres degollando a muchos de los hombres que le sale o tienen barba. Un ojo por ojo, ya que los cristianos no se quedaban atrás.

Los primeros en actuar, pues los caballeros de Arcos, no sin antes cubrirse las espaldas y llamar a los de Xerez. Para situarnos un poco más, en aquellos tiempos, el honor era la verdad única y absoluta, un caballero cristiano ante todo se debía a Dios y la Iglesia, bebía mucho vino (de Jerez, como no) y devoraba ingentes cantidades de cerdo (si podía), el animal más repudiado por los musulmanes. Como anécdota quedó la ‘pata de jamón’ colgada en los establecimientos y no “pa tomarse una copa de fino” sino para corroborar que ese establecimiento era puramente cristiano.

Batalla de Jerez (lenguayliteratura4eso.blogspot.com.es)
El sitio de quedada para zurrarse con los infieles fue unos cerros entre Arcos y Espera. Allí se presentan ni más ni menos que unos 1.500 jinetes y otros 6000 infantes de los del turbante. Los caballeros arcenses (algunos los llaman o se hacen llamar arqueños) que llegan primero como es lógico por la cercanía, le echan honor y le plantan cara a los súbditos del Rey de Granada. La batalla comienza y le dan ‘por tos lao’ a los del balcón del Guadalete. Estos aguantan heroicamente para darle tiempo a la llegada de los refuerzos. A 30 Kilómetros de distancia, un escudero con diversas heridas encuentra a los caballeros de Jerez. Al mando está Pedro Núñez de Villavicencio, su mote es ‘El Bueno’ pero de bueno tiene que tener poco, aunque parece ser, menos bronco que su hijo de igual nombre apodado ‘El chiquito’. Por lo visto este último tenía más guasa y por supuesto no se callaba ni debajo de agua, un torbellino en dar palo a diestro y siniestro; ‘el chiquitito’.

Núñez de Villavicencio da la voz de alarma, pero los caballos agotados no pueden ni levantarse. En ese instante, Pedro se convierte en Popeye y le inyecta las espinacas, que en este caso era algo habitual; manda dar una ración de pan y vino (vino de Jerez), cayendo este elixir en los abrevaderos como una caja de bebida energética. Naturalmente, en esta historia los caballos resucitan y se desbocan con sus caballeros encimas hacia el enemigo, las espadas al viento relampagueantes dando lanzazos a por doquier y, los nazaríes que se desbandan y huyen dando la victoria al bando cristiano.

Ya lo dijo Alexander Fleming “Si la penicilina salva vidas, el vino de Jerez resucita a los muertos”, pero vamos, Pedro, Don Pedro Núñez ya lo sabía muchos siglos atrás e ‘in situs Equus ferus caballus’ le dio la teoría al tal Alexander Fleming de lo que es el Jerez.

Las leyendas leyendas son, pero muchas veces cuando en las leyendas coinciden pequeños detalles es motivo de estudio y lo que es cierto, que a los caballos de los caballeros jerezanos se les daban pan y vino para ‘entonarlos’ en el combate, bendito elixir, sin duda.

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When Horses Drank Sherry

There are two very characteristic and established symbols of Jerez, two emblems closely linked to our idiosyncrasies; the horse, and our beloved Sherry. Nowadays the Jerez festival par excellence which unites these two symbols is the Feria de Mayo (May Fair) also known as the Feria del Caballo (Horse fair).

All symbols come from somewhere, and looking back a bit through history, or in this case legend which is not scientific history but certainly reflects part of it, I came upon the following amazing story.

Let us go right back to the Middle Ages, or more accurately to between the middle and end of the XV century, though other authors such as Jose de las Cuevas give a precise date of 1454. The frontier wars were a nightmare in the daily lives of those who lived in those baneful times. A Moorish army was advancing from Utrera towards Jerez, their raids and sackings were terrible; they burned fields of wheat ready for harvest, destroyed water supplies, vessels full of olive oil, they killed the animals, they took the women and cut the throats of or decapitated men with beards. An eye for an eye, since the Christians would do just the same.

The first to act were the knights of Arcos, but not without first covering their backs by calling on the knights of Jerez. In those days, honour meant the one and absolute truth: a Christian knight’s duty above all was to God and the Church. He drank a lot of wine (Sherry naturally) and ate, where possible, a lot of pork, an insult to the Moors, as the pig was the animal they most hated. In fact inns used to hang up a leg of ham – not to accompany a nice cool glass of Fino, but to show that they were purely Christian.

The battlefield at which they would give the infidel a hiding consisted of hilly land between Arcos and Espera. There, no fewer than 1,500 knights arrived as well as 6,000 Moorish foot soldiers. The Arcos knights were there first, naturally as they lived closer. They prayed then stood to face the Moors, subjects of the king of Granada. Battle commenced, but the Moors had the upper hand while the Arqueños (men from Arcos) held out heroically as they awaited the reinforcements from Jerez.

Thirty kilometres away, a badly wounded shield bearer came upon the knights from Jerez commanded by Pedro Nuñez de Villavicencio. His nickname was “El Bueno” (the good), though he was only good by comparison to his son of the same name, nicknamed “El Chiquito” (The Tiny), who was rather rough. It seems that he was a bit of a joker, however, and never shut up even under water, but was nevertheless a whirlwind with a sword, flaying left, right and centre.

Nuñez de Villavicencio sounded the attack, but the horses were exhausted and simply could not get up. Quickly, Pedro ordered that they be given a ration of bread and wine (Sherry, of course), and as this elixir spilled into their troughs they were soon revived. In no time they bolted into action, their knights astride, their raised swords flashing, slashing in all directions. Before long the Moors were forced to disband and fled, giving victory to the Christian knights.

As Alexander Fleming said: “If penicillin saves lives, Sherry can revive the dead.” Don Pedro Nuñez de Villavicencio knew that centuries ago, and “In situ equus, ferus caballus” (roughly “instead of a horse, a wild packhorse” ) showed Fleming exactly what Sherry can do.

Legends are just that, legends, but often details can turn out to be true, and it is certain that the knights of Jerez gave their horses bread and wine to invigorate them in battle. A blessed elixir, without doubt.

Traducción: Paula MacLean (jerez-xeres-sherry.blogspot.com.es)