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De Cuando los Caballos Jerezanos bebían Jerez

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De Cuando los Caballos Jerezanos bebían Jerez

Hay dos símbolos muy característicos y consolidados en Jerez, dos emblemas que van ligado a nuestra idiosincrasia, uno es el Caballo y el otro el vino, nuestro jerez.

A día de hoy la fiesta jerezana por antonomasia que une estos dos símbolos completamente, es sin duda la Feria de Jerez, también conocida como la Feria del Caballo.

Todos los símbolos vienen por algo, y recabando un poco en la Historia, en este caso la ‘Leyenda’ que no es historia científica, pero si refleja parte de ella. Me impactó lo siguiente que os escribo.

De Cuando los Caballos Jerezanos bebían JerezRetrocedemos ni más ni menos que a la Edad Medieval, concretamente entre mediado y finales del S.XV, aunque otros autores como José De Las Cuevas nos dan la fecha exacta de 1454. Las guerras de frontera son un hecho macabro en el día a día de las personas que les tocó vivir este funesto tiempo. Nos situamos, una hueste musulmana avanza desde Utrera a Jerez, sus razias y saqueos son terribles, quemas de trigales maduros, destruyen aljibes y tinajas con aceite, matan los animales y se llevan a las mujeres degollando a muchos de los hombres imberbes o con barbas. Un ojo por ojo, ya que los cristianos no se quedaban atrás.

Los primeros en actuar, pues los caballeros de Arcos, no sin antes cubrirse las espaldas y llamar a los de Xerez. -Para situarnos un poco más-. En aquellos tiempos, el honor era la verdad única y absoluta, un caballero cristiano ante todo se debía a Dios y la Iglesia, bebía mucho vino (de Jerez, como no) y devoraba ingentes cantidades de cerdo (si podía), el animal más repudiado por los musulmanes. Como anécdota quedó ‘la pata de jamón’ colgada en los establecimientos y no “pa tomarse una copa de fino” sino para corroborar que ese establecimiento era puramente cristiano.

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El sitio de quedada para zurrarse con los infieles fue unos cerros entre Arcos y Espera. Allí se presentan ni más ni menos que unos 1.500 jinetes y otros 6000 infantes de los del turbante. Los caballeros arcenses (algunos los llaman o se hacen llamar arqueños) que llegan primero como es lógico por la cercanía, le echan honor y le plantan cara a los súbditos del Rey de Granada. La batalla comienza y le dan «por tos laos» a los del balcón del Guadalete. Estos aguantan heroicamente para darle tiempo a la llegada de los refuerzos. A 30 Kilómetros de distancia, un escudero con diversas heridas encuentra a los caballeros de Xerez.

Al mando está Pedro Núñez de Villavicencio, su mote es ‘El Bueno’ pero de bueno tiene que tener poco, aunque parece ser, menos bronco que su hijo de igual nombre apodado ‘El chiquito’. Por lo visto este último tenía más guasa y por supuesto no se callaba ni debajo de agua, un torbellino en dar palo a diestro y siniestro; ‘el chiquitito’.

Núñez de Villavicencio da la voz de alarma, pero los caballos agotados no pueden ni levantarse. En ese instante, Pedro se convierte en Popeye y le inyecta las espinacas, que en este caso era algo habitual; manda dar una ración de pan y vino (vino de Jerez del S.XV), cayendo este elixir en los abrevaderos como una caja de bebida energética. Naturalmente, en esta historia los caballos resucitan y se desbocan con sus caballeros cabalgando hacia el enemigo, las espadas al viento relampagueantes dando lanzazos a por doquier y los nazaríes, que se desbandan y huyen dando la victoria al bando cristiano.

Ya lo dijo Alexander Fleming “Si la penicilina salva vidas, el vino de Jerez resucita a los muertos”, pero vamos, Pedro, Don Pedro Núñez ya lo sabía muchos siglos atrás e ‘in situs Equus ferus caballus’ le dio la teoría al tal Alexander Fleming de lo que es el Jerez.

Las leyendas, leyendas son, pero muchas veces cuando en las leyendas coinciden pequeños detalles es motivo de estudio y lo que es cierto, que a los caballos de los caballeros jerezanos se les daban pan y vino para ‘entonarlos’ en el combate, bendito elixir, sin duda alguna.