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En Jerez Cuesta ‘Cocinar’ Los Acuerdos

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Bodegas Manuel Aragón
Fotografía por Paco Barroso

El sector vitivinícola cierra dos meses de negociaciones en búsqueda de soluciones para afrontar la crisis creada por la COVID-19; por ahora, las voces que reclaman reformas estructurales para afrontar la situación no encuentran eco entre las grandes bodegas.

La prensa británica tiene un viejo aforismo: “No news, good news”, que viene a ser que cuando no hay noticias (novedades) sobre un determinado asunto, es una buena noticia… Eso sí, aunque el Reino Unido ha sido y es tradicionalmente el principal mercado del vino de Jerez, no parece que este aserto sea del todo aplicable a la situación actual del Marco, evidentemente necesitado de acuerdos para encarar la época post-COVID y las importantes caídas en las ventas que se han producido.

Hace dos meses que se iniciaron los contactos entre las distintas organizaciones sectoriales para ir viendo la posibilidad de llegar a acuerdos que hagan frente a los excedentes originados por el descenso de las ventas a causa la pandemia, sin que por ahora se hayan producido novedades dignas de reseñar, lo que significa “bad news” (malas noticias) para un sector que ya lleva años bloqueado a la hora de sacar adelante determinados asuntos y que ha visto como la pandemia ha llegado para convertirse en el auténtico problema y relegar a simples cuestiones de divergencia la reforma del pliego de condiciones de la denominación de origen (D.O.), asunto que lleva años siendo objeto de debate sin salir adelante.

Estos son habitualmente los plazos en Jerez. El tiempo pasa rápido, sobre todo cuando se observa que otras D.O. importantes de la geografía española ya han establecido acuerdos sectoriales que al menos vengan a paliar la situación mientras que en el Marco está claro que esos acuerdos no van a llegar antes de la vendimia, como pedían algunas de las primeras voces en dar el toque de alarma de la gravedad de la situación.

Bodegas, cooperativas y viticultores independientes tienen una visión distinta de la situación. De una parte están los que reconocen el problema, pero como uno más en la dilatada historia del vino de Jerez, es decir, que lo ven en términos de coyuntura, mientras que otros piensan que la COVID puede ser el remate de un sector que lleva muchos años en crisis y piden soluciones de carácter estructural… en definitiva y resumiendo, ‘coyunturalistas’ versus ‘estructuralistas’.

¿Finalmente habrá acuerdo? Pues seguramente… fijar cuándo y su alcance, es otra cosa. Por ahora está claro que las grandes bodegas no son partidarias de un acuerdo de máximos que revise la situación actual del sector y establezca lo que podríamos llamar un auténtico ‘new deal’ para el Marco de Jerez. Enfrente tienen a los viticultores de Asevi-Asaja y a algunas bodegas, caso de José Estévez, que estiman que la situación actual es crítica pero que debe valorarse como “oportunidad” para llevar a cabo profundos cambios en el sector. Las cooperativas por ahora siguen sin tener una voz única.

A nadie se le escapa que las negociaciones y el carácter que tenga el hipotético acuerdo sectorial no es ajeno al otro proceso en que está envuelto ahora mismo el Marco de Jerez, como son las elecciones para la renovación del Consejo Regulador de las D.O. Jerez-Xérès-Sherry y Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda, incluida la presidencia. Esta coincidencia, en general se valora como algo más bien inoportuno, que no viene más que a enredar un tema ya de por sí complicado. (Por cierto, la primera quiniela, compuesta por un ex ministro, bodegueros en activo y bodegueros retirados ha girado hacia lo que podríamos calificar como nombres del ‘establishment’, bien en activo, bien parcialmente retirados que pudiera volver a primera línea… lo que no significa que la situación no pueda cambiar, ya que quedan más de dos meses para las elecciones).

Aunque en estas elecciones no hay propiamente campaña ni programas, en la situación actual parece evidente que el candidato a presidente tendrá que hablar de los distintos problemas a los que se enfrenta el sector y quedará clara cuál es su visión al respecto, independientemente de que el Consejo Regulador sea o no, que no siempre lo es, el foro más adecuado para su debate y toma de medidas.

Ese es el horizonte. Se da por hecho que los ‘coyunturalistas’, por decirlo en una palabra, promoverán un acuerdo de mínimos encaminado a afrontar a corto plazo los excedentes de vino consecuencia directa de la pandemia, pero sin plantearse entrar más adelante en grandes reformas sectoriales, si acaso sacar en bloque o por separado los temas ‘de agenda’ que llevan años pendientes -la ampliación de la zona de crianza a toda la zona de producción; los ‘Nuevos Jereces’ o tomar decisiones sobre los vinos a granel- mientras que los ‘estructuralistas’, más allá de una salida al problema inmediato de los excedentes, abogan por abrir un tiempo en el que se asuman conceptos nuevos, entre los que destaca el pago de diferentes precios para diferentes calidades de uva en función de usos predeterminados para dicha materia prima. Por ejemplo, no se pagaría igual uva para vinos de pago que uva para destilar o elaborar mostos concentrados… lo que nos lleva directamente al meollo de la cuestión, al fin último de esta corriente de opinión, al auténtico nudo gordiano al que el sector años evitando dar una respuesta: que todo el líquido de una botella de vino de Jerez, sea de procedencia 100% Jerez. Para los defensores de esta idea no tiene sentido, ni atendiendo a criterios de prestigio de la D.O. ni a la creación de riqueza y empleo en la zona vitivinícola, que se sigan trayendo de fuera mostos concentrados y alcohol vínico mientras el Marco de Jerez tiene unos excedentes con los que perfectamente se podrían elaborar dichos productos.

Bien… agosto da inicio, un mes habitualmente inhábil en el Marco de Jerez más allá de la vendimia (aunque probablemente en esta ocasión haya un pleno del Consejo Regulador) y a comienzos de octubre serán las elecciones del propio Consejo. Septiembre puede ser un buen mes para llegar a acuerdos…