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Una tormenta perfecta sobre el Marco de Jerez

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Manzanilla de Sanlucar

La petición de la UE al sector de que aclare sus dudas sobre el fino y la manzanilla viene a enredar aún más la situación actual; Fedejerez propone fusionar las denominaciones de origen Jerez y Manzanilla como solución y el tema termina (por ahora) en refriega: breve crónica

La plena definición de la denominación de origen (DO) Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda y su derivada morganática, la pervivencia de la elaboración de fino por parte de algunas bodegas radicadas en dicha ciudad, termina en bronca (en el sentido exacto de la palabra) en el Marco de Jerez. Este tema, que lleva más de doce años siendo objeto de debate en el sector, ha entrado en una dimensión nueva desde que la Unión Europea (UE) ha pedido distintas aclaraciones sobre lo que es fino y lo que es manzanilla. De “objeto de debate” se ha pasado a un escenario que podríamos denominar directamente de “confrontación abierta”, con pérdida de las formas incluida…

La espoleta ha sido la propuesta de Fedejerez de fusionar las DO Jerez-Xérès-Sherry y Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda como una posible fórmula para sortear un tema que ha pasado del  debate interno a ser una cuestión de alcance comunitario, como es el hecho de que fino y manzanilla se definen desde un punto de vista técnico como dos vinos idénticos con la única diferencia de la circunscripción de la crianza del último al municipio de Sanlúcar de Barrameda. Cuestión de nomenclatura, bueno… “la estructura de los hechos se corresponde con la estructura del lenguaje”, dice Ludwig Wittgenstein, un filósofo y lingüista clave en el siglo XX, en su célebre ‘Tractatus’. Pues poco más o menos de eso estamos hablando.

La UE ha pedido una aclaración sobre fino y mazanilla –una fuente del sector, en broma, señaló a este cronista hace unos días que con el confinamiento los funcionarios comunitarios han tenido mucho tiempo para revisar distintas cuestiones atrasadas, aunque en este caso en realidad no es exactamente así ya que el requerimiento es anterior a la pandemia- al Estado español, que remitió el tema a la Junta, que a su vez se dirigió al Consejo Regulador para que procediera a su aclaración y de ahí vuelta hacia arriba… es decir, se pedía la aclaración –y para ya mismo- de un tema que lleva al menos doce años siendo objeto de debate en el Marco de Jerez.

En 2008, el sector acometió la reforma del pliego de condiciones de las dos DO del Marco de Jerez, una reforma que concluía que tanto desde un punto de vista jurídico como técnico el fino y la manzanilla son el mismo vino (misma uva, misma zona de producción, mismo método y tiempo en su crianza biológica), que recibe un nombre si su crianza es en Jerez y El Puerto –fino- u otro –manzanilla- si es en Sanlúcar, es decir, que enviaba directamente, sin más, toda la letra que acompaña habitualmente al etiquetado de las botellas de manzanilla –el famoso “microclima”, los no menos famosos “vientos del Coto”- poco menos que a los tratados sobre literatura. El caso es que la Junta no autorizó dicha reforma, pidió más consenso y el establecimiento de una comisión al respecto que dos años después volvió a dictaminar lo mismo: Fino y manzanilla son el mismo vino con distinto nombre según la ciudad de crianza. Desde entonces han pasado diez años y esta cuestión se ha convertido en uno de los temas ‘de agenda’ que periódicamente se ven en el sector sin acuerdo alguno…

El lector o lectora hace bien en buscar con avidez más emociones después de que al comienzo de este artículo se le haya prometido que del debate se ha pasado a un (agrio) enfrentamiento. Porque… ¿dónde está el problema?, si al final lo expuesto hasta ahora no deja de ser una cuestión de nomenclatura… Pero no. El problema, el problema real, radica en que en Sanlúcar hay algunas bodegas –sobre todo Barbadillo- que elaboran tanto fino como manzanilla. ¿Pero no hemos quedado que el fino y la manzanilla es el mismo vino y que la única diferencia es que en Sanlúcar se le da este último nombre? Ya… ¿Y? Bienvenidos al Marco de Jerez.

Desde la patronal Fedejerez hace años que se pide a las bodegas de Sanlúcar que dejen de elaborar fino –mejor dicho, que dejen de comercializar bajo el nombre de ‘fino’ vino criado en dicha ciudad- y hábilmente se ha venido haciendo apelando precisamente a la defensa de la propia DO Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda: si la manzanilla es un vino exclusivo de Sanlúcar no se puede llamar a ese mismo vino de una manera u otra según interese desde un punto de vista comercial. Para justificar esta práctica en estos largos años de debate se ha llegado a escuchar cosas como que en determinadas zonas de una bodega se da fino y no manzanilla, atendiendo a la pervivencia o no en dicho rincón del mítico velo de flor perenne en la crianza del vino sanluqueño.

El fino de Sanlúcar –convengamos ese nombre en aras de la comprensión- no representa un gran volumen de negocio, pero permite a las bodegas sanluqueñas que lo comercializan como tal hacer frente a la demanda de grandes distribuidores, generalmente extranjeros, que, por funcionalidad, prefieren comprar toda la gama de Jerez (oloroso, amontillado, cream, fino, etc) al mismo suministrador. Se trata de BOB o línea blanca, de llenar la marca del distribuidor porque… ¿Quién conoce hoy en día una marca de fino de Sanlúcar? Por supuesto, ante un contrato de suministro de toda la gama, esas bodegas sanluqueñas podrían a su vez comprar a un suministrador de Jerez o El Puerto el fino que necesitasen o llevar a cabo las inversiones necesarias para producirlo fuera de Sanlúcar, pero huelga decir que con la práctica actual maximizan el beneficio, por reducido que sea el volumen de negocio. En este sentido, de manera recurrente se recuerda desde Jerez y El Puerto que en su día, cuando se alumbró la DO Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda (1964), las bodegas radicadas en estas dos ciudades dejaron de comercializar vino como ‘manzanilla’ y quien quiso seguir atendiendo dicho segmento del negocio tuvo que recurrir a una de las dos prácticas que acabamos de mencionar: o invertir en Sanlúcar o comprar dicho vino a bodegas sanluqueñas, no hubo otra. ¿Que por qué en 1964 no se estableció la reciprocidad que ahora se demanda? ¿Por qué no se delimitó con claridad este tema?… son dos preguntas que este cronista ha realizado varias veces en el sector y la respuesta siempre ha sido la misma: era un tema despreciable. A ver, con el uso de este adjetivo no queremos añadir más leña al fuego, desde luego, lo que queremos decir es que en un momento en el que el sector manejaba grandes volúmenes, lo del ‘fino de Sanlúcar’ no se atendió como problema porque era algo muy pequeño y se optó por dejarlo estar. Ahora, 56 años después de que surgiera la DO Manzanilla, este tema se contempla por las bodegas sanluqueñas –en especial por Barbadillo- como un derecho adquirido o algo similar.

Y así llegamos al momento actual. El Consejo Regulador intenta de nuevo reformar el pliego de condiciones de la DO para dar entrada a vinos no fortificados y se encuentra con que desde Bruselas le dicen que vale, pero que “tenemos por aquí un par de cosas que nos gustarían que nos aclararan”, es decir, el Consejo se ve ahora ‘apremiado’ a dar una respuesta sobre la cuestión del fino y la manzanilla, asunto sobre el que Fedejerez ha planteado como solución la fusión de las dos DO en una sola que, en consecuencia, se llamaría ‘Jerez-Xérès-Sherry y Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda’. Este tema ha pasado desapercibido en Jerez y en El Puerto más allá de la que se ha liado, es decir, nadie ha salido a decir que la iniciativa va en menoscabo de la historia del vino de Jerez, algo que podría perfectamente haberse producido, mientras que en (parte de) Sanlúcar esta propuesta ha encontrado una respuesta cuando menos airada, con distintas salidas de tono inaceptables. Cabía esperar el chovinismo sanluqueño que se ha producido, la patrimonialización de la D.O. Manzanilla –aunque llegados a este punto habría que recordar que el principal productor, ‘La Guita’, está plenamente alineado con las tesis de Fedejerez- e incluso la habitual politización de cualquier tema bodeguero relacionado con Sanlúcar… otra cosa son los insultos y las altas dosis de demagogia que se han producido en las redes sociales, incluso por parte de responsables sanluqueños del sector. Tampoco la patronal Fedejerez ha estado muy fina, todo hay que decirlo, ya que en una nota de prensa emitida en defensa de sus tesis recalca textualmente “la ignorancia” del alcalde de Sanlúcar en estas cuestiones…

Es evidente que, en buena medida, las voces críticas de Sanlúcar estiman que la fusión con Jerez entorpecería a futuros una hipotética, digamos, independencia, es decir, en el fondo se valora que la actual situación de la mano del vino de Jerez es coyuntural y que dentro de unos años pues ya se verá… cuando los problemas y las incógnitas que habría que afrontar en caso de separación son enormes: qué ocurriría con la (común) zona de producción y qué ocurriría también con los tipo de Jerez que se elaboran en Sanlúcar, sin entrar en pormenores.

Pues no se sabe qué pasará con la propuesta de fusión de las dos DO que Fedejerez llevará al próximo pleno del Consejo Regulador. Y habrá que ver qué dice también la Consejería de Agricultura. Está claro que la Asociación de Bodegas de Sanlúcar votará en contra, mientras que las cooperativas y los viticultores de Asevi-Asaja –a los que desde Fedejerez se ha apelado a su responsabilidad- seguramente dividirán el voto, por lo que lo más probable es que se pida tiempo –serían por lo pronto seis meses, otros seis meses- para seguir dando vueltas al mismo asunto, un mal endémico en el sector…

En definitiva, aquí tenemos de nuevo al Marco de Jerez incapaz de encontrar soluciones a sus problemas, con asuntos enquistados año tras año, una situación que contrasta poderosamente con la propuesta lanzada tras el confinamiento por viticultores independientes y alguna bodega de realizar cambios estructurales para hacer frente al fuerte descenso en las ventas –y los consecuentes excedentes- que ha traído la pandemia de Covid-19. En el Marco de Jerez, ya se sabe, todo va ‘slowly’, muy muy ‘slowly’…