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Dios Baco

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Dios Baco, Caravaggio (1595). Galería Uffizi, Florencia.
Dios Baco, Caravaggio (1595). Galería Uffizi, Florencia.

Es una pena que en una tierra con tantísima tradición vinatera como es el Marco de Jerez, existan pocas referencias artísticas al Dios Baco, dios romano del Vino y las Fiestas. Al margen de nuestra tradición cristiana, pienso que es importante dar a conocer la singular historia mitológica de Dioniso (su homónimo en Grecia), porque en mayor o menor medida, forma parte de la cultura de cualquier comarca relacionada con la crianza del Vino.

Aunque originariamente su adoración y culto se centraría fundamentalmente en las regiones de Tracia y Frigia, su progresiva popularización forzaría que la figura de Dioniso cobrase mayor protagonismo en la mitología griega más tradicionalista. Tal es así que con el paso de los siglos, llegaría a ser uno de los dioses olímpicos más relevantes en toda Grecia durante el Periodo Helenístico, enmarcado entre los años 325 y 30 antes de Cristo.

Tal y como veremos más adelante, la cruel persecución que Hera mantuvo durante su infancia, así como la constante negación de su divinidad por parte de personajes relacionados con linajes reales, dejan entrever el miedo que la conservadora sociedad aristocrática tuvo al asumir de forma oficial el culto al nuevo dios y sus enloquecidos rituales.

Pese a ello, hay constancia de que su culto estaba muy extendido en Grecia desde el siglo VI a.C., al que adoraban bajo gran cantidad de advocaciones; Adoneo («el gobernante»), Bromios («atronador  o el que brama»), Ditirambo («el de la doble puerta»), Eleuterio (Ελευθερευς, «el libertador»), Omadio (Ὠμάδιος, «que come la carne cruda») o Eneo («dios de la prensa de vino»), entre muchos otros.

Bodegas Dios Baco, Jerez.
Bodegas Dios Baco, Jerez.

Baco (Iacchus o Bacchos), es otro de los epítetos por los que fue adorado el dios, etimológicamente procede de un antiguo verbo griego que significaba «gritar o vociferar». Con él pasaría a formar parte del panteón de dioses romanos, de los que heredaríamos su nombre popular, con el que actualmente le conocemos.

Las bacanales eran fiestas en honor a Baco en las que se bebía sin medida, exclusivas primitivamente a mujeres, especialmente a ciertas cofradías femeninas como las clodones y las mimalones, quienes dominadas por la embriaguez divina, se agitaban frenéticamente al son de címbalos, panderetas y flautas, destrozando todo lo que se ponía a su alcance. El demencial cortejo se precipitaba hacia los bosques blandiendo antorchas y tirsos entre exclamaciones de Evohé, Euios o Bacchos, invocando al dios.

Una vez implantado el culto en Grecia, las Dionisíacas mostraban su carácter más popular y campestre. Concretamente en Atenas durante los meses de invierno se celebraban diversos festivales en su honor.

Las Dionisíacas Menores y Mayores, eran los más importantes. Celebradas entre los meses de Diciembre y Marzo-Abril respectivamente, duraban seis días en los que se realizaban procesiones, sacrificios y banquetes, acompañados de danzas, cánticos y representaciones teatrales – comedias y tragedias – en el teatro de Dioniso, edificado a los pies de la Acrópolis.

Otras fiestas secundarias tenían lugar antes de la vendimia, denominadas Oscoforias, en los meses de Octubre y Noviembre y Antesterias en Febrero en la cual se realizaban ofrendas florales y se consumía el ‘vino nuevo’.

Mitología: Dios Baco, Dioniso

Nacimiento

Baco es el nombre con el que el pueblo romano asimila la figura mitológica del Dios del Vino griego Dioniso; hijo del dios Olímpico Zeus y la mortal Sémele hija de Cadmo (Rey de Tebas). Su nacimiento fue prematuro y bastante extraordinario.

La celosa esposa de Zeus, Hera, al conocer que Sémele se encontraba encinta, disfrazada de anciana fue a visitarla para revelarle que el hijo que esperaba era del propio rey del Olimpo. La inocente Sémele como prueba de fidelidad, pidió a su amante verlo en todos su esplendor, y aunque en un principio él se negó, tras insistir muchas veces, se presentó ante ella como trueno, viento y rayos que acabaron fulminándola.

De entre sus cenizas pudo rescatar el embrión de Dioniso, se hizo un corte en el muslo y lo introdujo dentro hasta que estuviera listo para nacer. Fueron tres los meses que el dios pudo mantenerlo dentro de su pierna, luchando contra la fuerza de la gravedad. Transcurrido este periodo de tiempo fue liberado en el monte Pramnos, en la Isla Icaria.

De su prematuro nacimiento deriva uno de los epítetos más significativos del dios: Ditirambo, ‘el de la doble puerta’, usado en la antigüedad clásica para referirse a Dioniso en canciones solemnes.

Infancia

Para proteger al niño de la venganza de Hera, convencida de que había muerto junto a su madre, Zeus confió su cuidado a Perséfone, quien lo llevaría a la casa del Atamante de Orcómeno, Rey de Beocia. Para despistar a la diosa, pensaron que lo más conveniente sería criarlo como si fuese una niña. Por este motivo y al igual que ocurriría con Aquiles, Dioniso es representado en múltiples ocasiones con indumentaria femenina.

Este hecho puede tener su origen en la cultura Cretense, en la que era costumbre ‘ocultar la masculinidad’ de los niños varones en el gineceo, área de las casas reservadas a las mujeres, hasta que alcanzasen la pubertad.

Pero el engaño no duraría mucho tiempo y tras descubrir que Dioniso estaba vivo, Hera enloqueció la cabeza del rey, hasta tal punto que Atamante mataría a su propio hijo Learco, tras confundirlo con un ciervo.

De nuevo Zeus intervino para poner a salvo al pequeño Dioniso, esta vez transformándolo en un cabrito que llevaría al monte Helicón. Durante este periodo en el que tuvo apariencia animal, estaría al cuidado de las Híades; Fesilé, Corónide, Clía, Feo y Eudora, trasformadas por Zeus en un pequeño grupo de estrellas ubicadas en la constelación de Tauro.

Juventud

Con la edad Dioniso obtuvo de nuevo apariencia humana, viviendo felizmente, en plena naturaleza, junto al anciano Sileno y una corte de Sátiros y Ménades.

El Triunfo de Baco, Diego Velázquez (1628-1629). Museo del Prado, Madrid.
El Triunfo de Baco, Diego Velázquez (1628-1629). Museo del Prado, Madrid.

Sería en la región de Tespias (Beocia) dónde descubriría el cultivo de la vid y el arte de fabricar vino. El sátiro Ámpelo, quien moriría accidentalmente al montar un toro enloquecido por una picadura, sería reencarnado por las Moiras en una parra, de la cual Dioniso prensaría su primer mosto.

Pero su actividad vitivinícola llamaría en exceso la atención de los dioses, en especial de la Hera, quien no tardaría en reconocer al joven Dioniso. Enfurecida por saber que aún se encontraba con vida, lo castigaría con la locura, al igual que hizo anteriormente con Atamante.

Con el fin de poder encontrar un remedio a su mal, se dirigió al célebre oráculo de Dodona a lomos de un burro, pero al no encontrar solución alguna, se dedicó a vagar tierras y mares, hasta que en Frigia, la titánide Rea (Cibeles para los romanos), se apiadó de él curándolo.

La conquista de Asia Menor

Rea alentaría al joven Dioniso a recorrer el mundo para dar a conocer el cultivo de la vid y el vino. En su periplo por Asia Menor lo acompañaría un séquito compuesto por Sileno, Príapo, Pan, Sátiros y Ménades («locas») portadoras de rombos, espadas, serpientes y tirsos, famosas por el fervor de su devoción, en el que alcanzaban el éxtasis a través de una embriaguez agresiva y feroz.

Tras desembarcar en Libia para dirigirse a Egipto, Dioniso y sus huestes estuvieron a punto de desistir de su campaña debido a la severa sed que padecieron al atravesar los desiertos libios. En su desesperación imploraría ayuda a Zeus, quien le enviaría un carnero blanco para guiarles hasta una fuente de aguas cristalinas, donde apaciguar la sed, descansar y tomar provisiones.

Como muestra de su agradecimiento, Dioniso levantaría en aquel lugar un templo en honor a Júpiter – Ammón, que pronto alcanzaría gran popularidad en épocas antiguas, pasando a ser objeto de múltiples peregrinaciones de fieles desde diferentes áreas de la cuenca mediterránea.

Ya en Egipto, su estancia para enseñar el cultivo de la vid no tardaría en llegar a oídos del Rey Proteo, quien celebraría una fastuosa recepción en la arenosa Isla de Faro, ubicada en el delta del Nilo, donde estuvo el principal puerto comercial en la Edad de Bronce.

La fiesta, organizada con un año de antelación, duraría nueve días y nueve noches, coincidiendo con el  comienzo de la primavera en la ciudad de Atenas y contaría con la participación de tres mil invitados que serían atendidos por nueve mil esclavos.

Dioniso en agradecimiento por las celebraciones, regalaría al rey un sistema de fuentes diseñado por él mismo, desde el que brotarían seis tipos de vinos diferentes de gran calidad y finura.

Desde tierras egipcias ‘evangelizaría la cultura del vino’ hasta llegar a la India, desde dónde regresaría a tierras griegas tras varios años de aventuras. En su camino encontraría en la Isla de Naxos a Ariadna, hija del rey cretense Minos, abandonada por Teseo tras haberle ayudado a escapar del laberinto del Minotauro. El dios se casó con ella y tuvieron como descendencia a cuatro varones; Enopión, Toante, Estáfilo y Pepareto.

Baco y Ariadna, Tiziano (1520-1523). National Gallery, Londres.
Baco y Ariadna, Tiziano (1520-1523). National Gallery, Londres.

El regreso triunfante

Dioniso volvió triunfante a Grecia tras su viaje por Asia Menor, decidido a implantar su culto en Grecia, pero muchos de los reyes se opusieron por temor a los desórdenes y la locura que éste acarreaba.

Cuando Licurgo, Rey de Tracia conoció la noticia de que Dioniso se encontraba en su reino, envió apresar a todos sus seguidores. El dios pudo huir y refugiarse en la gruta submarina de la diosa Tetis. En venganza volvería loco Licurgo, quien en un ataque de delirio descuartizaría a su hijo Driante con un hacha, creyendo que estaba desarraigando una cepa. La muerte del niño desencadenaría la esterilidad de las tierras de Tracia, una maldición que perduraría mientras Licurgo estuviese vivo, por lo que acabó siendo asesinado por sus súbditos.

Un trágico final también tuvo el Rey Penteo de Tebas, quien como Licurgo, rechazaría la divinidad de Dioniso y prohibiría su culto en sus tierras. En venganza volvería loco a Penteo para llevarlo a los bosques del monte Citerón, dónde las Ménades lo descuartizaron en pleno éxtasis.

En otras comarcas griegas su divinidad y culto divinidad fueron bien recibidos. Tal es el caso de Etolia, dónde su rey Eneo, nombre procedente de ‘oinos’ que significa «vino» en griego, en agradecimiento por recibir el don de la viticultura, le ofreció a su esposa Altea, de cuya unión nacería Deyanira, madre de Hércules.

Tras conseguir implantar su culto en Grecia su padre Zeus lo eligió para ocupar el lugar que había dejado Hestia, diosa del Hogar, en el Consejo de los Doce, entrando a formar parte del Olimpo como Dios del Vino, el Éxtasis y las Fiestas. Por su parte Hera no tuvo más remedio que aceptar la presencia del hijastro que con tanta saña había perseguido.

Una vez reconocido en el Olimpo sólo le quedaba descender a los infiernos para rescatar a su madre Sémele y llevarla al cielo, dónde se convertiría en inmortal con el nombre de Tione.